COSAS QUE HACER EN DENVER CUANDO ESTÁS MUERTO

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“¡¿Conocéis la historia de Jimmy El Santo?… era, la hostia en vinagre!”

Así empezaba y acababa este peliculón, el genial Jack Warden sentado en la mesa de un Dinner americano se dirigía a cualquiera que se sentase con él y soltaba tal frase, mientras por la puerta entraba Andy García juntando las manos y luciendo sonrisa socarrona.

Éste es sin duda el mejor papel de García, nadie puede igualar su maestría para hacer este personaje, nació para interpretarlo. Una película plagada de personajes inolvidables e imperfectos que afrontan una muerte segura, cada uno a su manera, pero con dignidad, con un sorpresón final que hace que uno entienda la vida y la muerte de otro modo, jamás he visto un final tan bueno, de los que te ponen la sonrisa en la cara, en una cinta que marca el drama desde el principio (no me refiero a lo de Jack Warden, eso es aparte, pero no lo voy a desvelar, “Jimmy El Santo no se lo merece”). Es una película que suelo volver a ver cuando me siento perdido, deprimido, cuando alguien se ha ido de mi vida, en mi opinión, todo el mundo debería ver esta película al menos una vez en su vida. Es una joya olvidada, con un reparto inmenso, que borda escena a escena un mecano inolvidable.

Copas-de-yate

La primera vez que la vi, era un sábado por la tarde, lluvioso, tenia unos 14 años, quizás fue el momento, o que estaba en pleno pavo y huía de las películas complacientes con personajes marcados, con buenos y malos, aquí cada uno es cada cual y hace lo que hace con sus razones, es una alegoría y una celebración a la personalidad, a como se deben afrontar las consecuencias pase lo que pase, porque aunque venga el señor “ Shhhhh ” (Steve Buscemi llenando la pantalla sin soltar una sola frase ¿hace falta decir más?) a por ti, mandado por “El hombre” (Christopher Walken en un papel memorable, excéntrico y muy cabrón, más aun que en “Amor a quemarropa”) tu eres quien eres y pones tu alma en ello, en vivir, en ser decente, en ligarte a la bellísima Grabielle Anwar poniendo el corazón aunque al final se vaya con un capullo que no la merece.

Los años pasan, las vidas cambian, pero siempre habrá un lugar donde todos seremos lo mejor de nosotros mismos. Solo os puedo decir una cosa más:

“Copas de Yate, amigos”

Por Adrián Alfaro

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